Caso Baraldo: juicio al Juicio

Provinciales | 23/10/2018 - 12:00:24 hs.
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Por Pablo Benito

Por Pablo Benito

El niño “H” es nieto de Víctor Hugo Baraldo quien, junto a Nidia Morandini, su abuela, tuvieron en guarda al pequeño hijo de María Fernanda durante 4 años. La familia, oriunda de Esperanza, se completa con dos hijos varones. Uno de ellos, Juan Pablo Baraldo, es parte de esta siniestra historia que trasciende los límites imaginables de la crueldad del bicho humano, y que es tan inexplicable como lo pueden ser los actos de altruismo, solidaridad y entrega de amor que las personas, como tal, pueden alcanzar; versión clara ante tanta oscuridad.

Es doloroso escuchar los relatos, leerlos y reverlos, pero mucho más lo es para sus víctimas. La necesidad y urgencia del tratamiento no se agota con una sentencia judicial. El fin de la causa da paso al caso y el caso no debería culminar depositando la mugre bajo la alfombra o en la cárcel. El proceso, que dejó a esa basura tras los barrotes, también debe ser analizado. Quedó al descubierto que el sistema judicial no acompaña la evolución de una sociedad que comenzó a visibilizar lo que se oculta detrás de “familias muy normales”. Muchas vidas se arruinan desde la primera infancia y se retroalimentan, con la impunidad, “degeneración” en generación.

 

Hechos

Ya no se debe exponer en potencial, y eso es duro para muchos que -inconscientemente- no querían que fuese cierto. Como si negarlo curase heridas, como si desconocerlo hiciese desaparecer lo sucedido.

Una foto, en el celular del niño “H”, fue descubierta por su madre, María Fernanda. En ella se veía el pene de un adulto en un primer plano. Desde ese momento tres cosas ocurrieron: los abusos cesaron; Maria Fernanda comenzó a indagar la procedencia de esa imagen “puesta” ahí para ser descubierta; y lo tercero es que, a medida que la verdad emergía, también lo hacía la violencia de ese matrimonio y uno de sus hijos como forma de ocultar el delito.

Ese intento tuvo como cómplice al sistema judicial. Su Poder de negación encontró eco en una comunidad esperancina, que no acusó recibo de las implicancias que esto tiene (en presente) en el necesario alerta sobre una ciudad que cobijó el secreto -sea por miedo, vergüenza o asco-.

Fue una tía de Fernanda quien corrió el velo que cubría el horror al que fue sometido el pequeño. “H” abandonó el silencio y expresó lo que estaba sufriendo. No lo hizo en calidad de víctima sino por amor a su hermanita, recién nacida, y su miedo a que ella sea otra víctima de sus abuelos y tío.

 

La abuela del niño abusado cuando comenzó ell juicio.

 

Denuncia

El 5 de agosto de 2014 -4 años y 65 días antes de que los tres imputados fueran esposados y puestos tras las rejas- María Fernanda Baraldo realiza la denuncia ante la Justicia contra sus propios padres y su hermano.

Primer hecho destacable. La mamá de “H” creyó en su hijo. Lo escuchó, lo acompaño y lo contuvo. Sabemos que, en la mayoría de los casos, la rutina, la alienación cotidiana hace que los padres vean que sus hijos “le traen un problema”.

Ante eso -y la certeza de que al iniciar un proceso para establecer la verdad y obtener justicia, se abandona una zona de confort falsa- la vida ya no será como antes. Aunque, no caben dudas, que esa decisión es lo más parecido a una vida que puede preciarse luego de tamaño infierno.

En la cámara Gesell, “H”, judicializaría su testimonio como prueba fundamental de lo ocurrido durante 3 años. En dos oportunidades, el pequeño, relata sin contradicciones -entre una y otra situación-, los eventos de los que fue víctima. En la segunda cámara Gesell, se anima a contar la participación de su tío, el agente policial, Juan Pablo Baraldo, en abusos recurrentes con acceso carnal y la inclusión del arma reglamentaria como parte de la sumisión a la que era sometido.

“H”, relata como su abuela lo trasladaba a la casa de su tío, quien lo arrodillaba en la cama, se colocaba detrás y lo accedía carnalmente. Relata el niño que su abuela sabía lo que ocurría y nunca hizo nada para ayudarlo. Incluso manifiesta que en una oportunidad su propio tío, mientras abusaba de él, le apoyaba su pistola en la cabeza amenazándolo con que lo mataría si contaba lo que ocurría.

 

El ataque como defensa

La contundencia del relato evidenciaba, con detalles precisos, lo ocurrido durante esos años. Lejos de comenzar a resolverse el caso y avanzar hacia un juicio, comienza una etapa en que la institución judicial habilita un sinnúmero de armas para atacar tanto al niño “H” y su verdad, como a su madre, su padrastro. Esa balanza que simboliza el equilibrio de la Justicia carga su peso contra las víctimas, creyendo -o queriendo creer- el relato de los victimarios y poniendo innumerables recursos técnicos jurídicos para tapar una mentira con más mentiras.

El derecho a la defensa que forma parte del debido proceso, toma una estrategia emparentada con la característica de los imputados. Abusar de la vulnerabilidad de las víctimas, re victimizarlas y apostar a quebrar la tenacidad de una madre lanzada en busca de la verdad y la Justicia. La pistola sobre la sien nuevamente. Esta vez era la Justicia quien la sostenía para que el ultraje se produzca. Una, otra y otra vez más.

Entendieron, sin pudor alguno, que “no hay mejor defensa que un ataque constante”. Podría ser una estrategia legítima e incuestionable a no ser por la creatividad utilizada y puesta al servicio de engañar a la verdad. ¿A su favor? Los jueces que participaron en el primer y fallido juicio no sólo permitieron y dejaron “jugar” sino que, además, participaron ellos mismos de ese concierto, sin el menor tacto hacia los imputados y permitiendo que sean, las propias víctimas, las que comenzaron a ser juzgadas.

La violencia institucional, en la sala de audiencias, no se ejerce por quien quiere sino por quien puede. Las defensas de los abusadores pudieron. Los dejaron.

 

Los imputados junto a sus abogados, Dr. Jauchen y la Dra. Forte.

 

La entrevista que no fue

Con la estrategia de “miente, miente que siempre algo queda”, la defensa a cargo del Dr. Jauchen y la Dra. Forte -anteriormente el Dr. Bay- afirmó que el niño “H”, había sido entrevistado en una radio local -más precisamente Aires de Santa Fe- en donde fue sometido a una exposición del caso con todo lo que ellos implica. Puede haber “dos bibliotecas” para interpretar un hecho acontecido, pero nunca se puede acceder a deliberar sobre lo que nunca sucedió. No se tergiversaba, se inventaba. La duda iba a quedar planteada. Claro ¿Cómo comprobar que una entrevista no existió? ¿Trayendo la grabación de lo que nunca pasó?

 

Pruebas contra el padrastro

Carlos Gloor, padrastro de “H”, pareja y sostén emocional de María Fernanda, fue elegido como blanco de todos los ataques. Debía existir una “mente siniestra” detrás de la denuncia de violación contra los propios abuelos de una criatura. Gloor era una pata de la mesa. Los imputados siempre habían subestimado a su hija, era “loca”, “inestable”, “caprichosa” y “manipulable”. Durante gran parte del juicio, los abogados de la defensa, Jauchen, Forte y Bay, aseguraron que tenían una grabación en donde el padrastro de “H” conminaba al niño a mentir en la cámara Gesell. Iba a ser aportada “oportunamente” por la defensa. La prueba nunca apareció porque jamás sucedió, pero en la dilación y la duda sobre las víctimas y su “encono enfermizo”, ésta mentira sirvió para “relativizar” los dichos, del niño, la madre, los médicos que revisaron al menor y los profesionales de la salud participantes.

La defensa presentó un informe del Dr. Guillermo Manuel del Paso, una eminencia dentro de la medicina forense. Con 80 años e intachable trayectoria, el galeno fue uno de los iniciadores de la Asociación de Médicos Forenses argentinos. También él fue engañado. El informe presentado por Jauchen Forte, tenía la firma del experto en la primera hoja, desconociendo la autoría del mismo en las aseveraciones siguientes. La falsedad de la prueba, deliberadamente armada, quedó a la vista y se quiso llevar “puesta” toda una carrera de un profesional que dedicó su vida en el auxilio de la Justicia para determinar verdades.

 

La Salud mental de la Junta médica

Una de las declaraciones más resonantes en el juicio, la dio la doctora Alba Bielsa de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud de Santa Fe.

El organismo tiene a su cargo la realización de las pericias legales ordenadas por la justicia. La funcionaria defendió el informe, realizado bajo su tutela en el que -inesperadamente- los profesionales se apartaron del pedido del Juez sobre la realización de un informe del perfil psicológico de los imputados y centraron su atención en los denunciantes. La Junta determinó que Carlos Gloor, pareja de María Fernanda Baraldo, tenía una “estructura mental compleja” con claros “rasgos de perversión”. Quien había sido citado para brindar detalles de la personalidad de los imputados terminó, el mismo, siendo objeto de análisis. No obstante, dicha entrevista, fue grabada por el citado quedando al descubierto la falsedad del informe. Esto motivó una denuncia penal contra los firmantes del mismo.

En plena audiencia y acorralada por las preguntas de la querella y los fiscales, la titular del organismo cerró su intervención con un “me chupa un huevo”, en razón de una aclaración que pretendió realizar y le fue negada por el tribunal. Alba Bielsa, la autora de la cita en pleno juicio por un caso como este, continúa siendo coordinadora de las Juntas Especiales de Salud Mental de la provincia.

 

Cámara Gesell (*)

Es importante remarcar el rol actual del dispositivo conocido como Cámara Gesell, utilizado en el marco de los procesos de investigación penal que tienen como protagonistas a niños, niñas y adolescentes (NNA) víctimas y testigos.

La reforma constitucional de 1994 introdujo un cambio sustancial al sistema jerárquico normativo en Argentina al jerarquizar los tratados en materia de derechos humanos. Esta reforma supone por consiguiente una importante ampliación del sistema de protección y garantías de los derechos humanos, cuyos efectos se hicieron evidentes con las reformas que buscaron aggiornar el plexo normativo a los estándares internacionales. En este marco, la Convención Internacional de Derechos del Niño (CDN) ha venido a marcar un antes y un después en la consideración de la niñez, dando lugar a la sanción de diversas normas en el plano local (nacional y provincial) que asimismo plantea como exigencia una reforma estructural en el abordaje de las problemáticas que involucran a NNA.

(*) Por Carolina Walker, abogada de María Fernanda Baraldo (extraído de los alegatos finales Caso Baraldo).

Fuentes

NOTIFE
http://notife.com/638751-caso-baraldo-juicio-al-juicio/

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