Los niños nos miran

Sociedad | 05/02/2015 - 08:59:35 hs.
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Cierta reflexión, atribuida a Albert Einstein para darle más peso, propone que: “educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única”. 

La frase me dejó pensando. Ciertamente, desde el momento en que nacemos formamos parte de una familia y de una sociedad y desde ese mismo momento empezamos a influenciar la vida de otros tanto como los demás influencian la propia.

Decía Berger y Luckemann que nadie nace miembro de una sociedad, sino que somos inducidos a formar parte internalizando sus normas. La socialización es, precisamente, el proceso por el cual aprendemos normas, valores y formas de percibir la realidad, que nos dotan de la capacidad necesaria para interactuar con otros.

Socializando es como aprendemos a diferenciar las conductas aceptables de las inaceptables. En este sentido, el ejemplo que damos a los niños con nuestras propias conductas es tanto o más influyente que aquello que intentamos inculcarle con palabras por lo que cabe detenerse a pensarlo un poco mejor.

Aprendizaje social

El psicólogo Albert Bandura, ampliando el clásico planteo conductista que establecía que nuestros comportamientos eran la pura consecuencia de los estímulos ambientales, propuso que también el ambiente era causado por el comportamiento.

Bandura enfatizó el rol de la imitación en todo lo que hacemos. En su "Teoría del aprendizaje social" sostuvo que el aprendizaje no sólo se produce por medio de la experiencia directa y personal sino, fundamentalmente, por la observación de la conducta de otras personas.     

De manera similar a como sentencia un famoso refrán (aquel que asegura que “sabio es el que aprende de los errores ajenos”), el aprendizaje por observación es un mecanismo poderoso que permite lograr aprendizajes sin necesidad de exponerse directamente a las consecuencias.     

“Afortunadamente la mayor parte de la conducta se aprende por observación mediante modelado”, sostuvo Bandura; afortunadamente, dijo, porque pensemos que por el simple procedimiento de ensayo y error nos veríamos expuestos a las consecuencias adversas de los propios errores.    

Este principio inspiró la técnica de modelado, que consiste en que el individuo observe la conducta de un modelo de conducta socialmente aceptable para determinadas circunstancias y la imite. De eso se trata la socialización mencionada al principio.   

El problema, como veremos en el experimento del muñeco Bobo que ahora veremos, es que el mismo mecanismo facilita el aprendizaje de conductas antisociales.   

El experimento del muñeco Bobo   

Tal vez el experimento más famoso de Bandura sea aquel que demuestra que los niños aprenden a ser violentos observando conductas violentas en adultos.   

Para su experimento utilizó al muñeco bobo, un muñeco de aire con aspecto de payaso que recupera su posición vertical tras ser golpeado.

Hay diferentes variaciones del experimento. El más notable midió el comportamiento de los niños después de ver a un modelo que es recompensado, castigado o carente de consecuencias por golpear al muñeco bobo.     

Bandura demostró que las personas no sólo aprenden conductas que son recompensadas o castigadas, sino que también pueden aprenderlas al ver a alguien siendo recompensado o castigado (aprendizaje por observación).     

Los resultados indicaron que los niños expuestos al modelo agresivo eran más propensos a actuar con agresiones físicas, que los que no fueron expuestos a dicho modelo. En cuanto a las diferencias de género, los resultados apoyaron la hipótesis de Bandura de que los niños están más influenciados por modelos de su mismo sexo.     

Por otro lado, los niños y niñas que observaron el modelo no agresivo mostraron muchas menos agresiones no imitativas que los del grupo control, que no tenía modelo.     

Educar con el ejemplo: la única forma     

De poco sirve decirle a nuestro hijo que debe ser sincero, si cuando alguien a quien no queremos atender golpea a la puerta, le pedimos al niño que diga que no estamos.     

De poco sirve decirles que es más sano ser optimistas si nos pasamos el día rezongando ni que deben ser respetuosos y tolerantes si después los dejamos ver y oír lo que decimos cuando va perdiendo nuestro equipo de fútbol.     

Cuentan que un padre hacía cola con su hijo para entrar al teatro. Cuando llegó su turno, el padre preguntó a la vendedora a partir de qué edad los niños debían pagar. La señora contestó que a partir de los 8 años. El padre, sin dudarlo, contestó: “Bueno, dame dos entradas que mi hijo tiene 8 recién cumplidos”. La señora le entregó las entradas y, sonriendo, agregó: “Si me decías que tenía 7 no me habría dado cuenta”. “Usted no - respondió aquel padre- pero mi hijo sí”.     

De nosotros depende lo que los niños hagan hoy con sus pares y mañana con sus hijos. Educar con el ejemplo quizá no sea la única forma, pero no podemos dudar que es una de las más importantes.     

Por eso haremos bien en tener presente el mecanismo del modelado o aprendizaje por observación, no solo cuando nos preguntemos por qué no hacen caso a todo lo que decimos sino, sobre todo, cuando querramos inculcarles los valores en que verdaderamente creemos y queremos que adopten.

Autor » Lic. Ezequiel Ocampo

Fuentes


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